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Spinetta: Privé, Tester de Violencia, Los niños que escriben en el cielo, Kamikaze. Director’s cut de reseñas aparecidas en el bookazine de RS.

Privé

Aunque el título Privé subraya el carácter personal, subjetivo, en fin, privado de este disco, también puede ser entendido otro modo, casi opuesto: no como privacidad sino como privación, como carencia de otro. Quien falta es Charly García, con el que Spinetta estaba trabajando en un álbum conjunto que nunca fue concluido. Estas canciones pueden ser vistas como la reconstrucción por Spinetta de ese disco mítico y ya irrealizable y, a la vez, como un lamento por la ruptura que lo hizo imposible. A su modo, Privé es un disco de divorcio.

En 1985, Charly y LAS se habían propuesto grabar un álbum juntos pero resultaron incompatibles: Spinetta, que tenía una vida familiar e hijos pequeños, nunca pudo adaptarse al caos de Charly. Cuando, durante la presentación en TV del tema “Rezo por vos”, que contiene las líneas “y quemé las cortinas / y me encendí de amor”, el departamento de García fue, en ese mismo momento, consumido por un incendio, Spinetta vio una señal para terminar el vínculo.

Por primera vez en más de una década, ninguno de los dos publicó un disco en ese año, pero no dejaron que el trabajo realizado se perdiera. Charly diseminó sus aportes en varias entregas: su versión de “Rezo por vos”, más directa y contundente que la de Spinetta y, por eso, más conocida, en Parte de la religión; el tema “Hablando a tu corazón”, en Tango; y hasta el título “Cómo conseguir chicas” encontraría un lugar.

Spinetta, por su lado, exorcizó toda la experiencia en este álbum. Privé contiene las canciones que compuso para el proyecto conjunto y también otras que comentan las circunstancias de la tormentosa colaboración. Este es un disco uptempo, quizás colérico; seguro, el más rápido de su discografía. Su ritmo frenético suele abrevar en un funk neurótico, más hecho para golpear que para bailar.

Entre las colaboraciones, además de “Rezo…” y los rocks más spinetteanos “Una sola cosa” y “Ropa Violeta”, está la única balada: “La pelícana y el androide”, que habla de la fusión entre lo orgánico y lo electrónico en el mismo momento en que LAS estaba abandonando la instrumentación tradicional y reemplazándola por máquinas; de hecho, en este disco por primera vez utiliza samplers.

El track “Pobre amor, llamenlo” fue escrito tras la separación de Charly y es el tema que más explícitamente habla de la relación (“Este amor / es una colisión”) y la ruptura (“Mis amigos / no pueden creer que se pinchó”). También, hace casi tres décadas, advierte sobre la desintegración de García. Es uno de los mejores tracks del álbum y el único que tiene una referencia musical explícita (“cae un cassette, que le sangra dulcemente / Duran Duran”) que da una pista sobre el sonido que habría tenido la colaboración (y uno que no está demasiado lejos del de este trabajo). Igual que el anterior “Nunca me oiste en tiempo”, el tema “No seas fanática” es otra admonición a sus seguidores, que habían abucheado a Charly en una presentación en conjunto, tras que se supiera de la ruptura. Paradójicamente, este track fue el que se convirtió en el favorito del disco.

Privé es el álbum más electrónico de Spinetta, quien en este periodo estaba dedicado a explorar las posibilidades de las máquinas que tenía a su disposición. Aunque, hace 27 años, esta elección orientaba su música hacia el futuro (cosa que iba de la mano con las letras de ciencia ficción de tracks como “Patas de rana”), hoy le pone una fecha de caducidad: este disco está fatalmente anclado en el idioma pop de los 80 (sus coros femeninos, ahora, parecen de un jingle radial). El paso del tiempo nos obliga a escuchar las canciones por encima de sus arreglos y, de ese modo, en este disco es posible encontrar algunas de las más logradas de su carrera.

 

Tester de violencia

Asi como Privé fue un disco que nació de la relación tumultuosa y trunca que tuvo Spinetta con Charly García cuando intentó componer con él, este álbum surgió de un vínculo más feliz: la grabación del disco La la la, junto a Fito Páez. Según comentó Spinetta en entrevistas de la época, el “tester” del título no es otra cosa que él mismo, o cualquiera de nosotros, al quedar expuesto ante otro: nuestros cuerpos son medidores de las tensiones y la violencia que generan las relaciones humanas.

Tal como señala Eduardo Berti en su libro sobre Spinetta, Crónica e Iluminaciones, en este disco, LAS pasó de cantar sobre el alma a reflexionar sobre el cuerpo. El cambio, según dice el mismo Spinetta, provino de la lectura del filósofo Michel Foucault, en especial de sus libros Vigilar y Castigar y La historia de la sexualidad. En estos textos, Foucault explica cómo el estado crea mecanismos para sujetar el cuerpo de los ciudadanos y asi convertir todos los aspectos de la vida en objeto de un poder regulador. Los mecanismos de control del estado no son sólo aparatos represivos como la policía o la censura sino también otros más sutiles que se ejercen, por ejemplo, a través de la medicina, disciplina que se ocupa de que los cuerpos estén en condiciones de integrar el aparato de producción capitalista.

En el disco, esta concepción biopolítica, que supone que toda la vida está gestionada desde el poder, es el disparador de la poética de LAS. Así, canta sobre “un insólito abismo” que “testea los cuerpos” (en “Siempre en la pared”) o sobre “cuerpos iguales para un experimento” (en “La luz de la manzana”). Spinetta no es un académico, ni se propone enseñar las ideas Foucault en sus canciones. Como siempre con sus lecturas, usa lo que le sirve para la poesía.

La violencia también aparece en el disco de un modo más literal en dos temas. “El mono tremendo” es un track que suena como si un grupo de Disney se encomendara al rock satánico. La letra, que recuerda un episodio de la serie de tv “El increíble Hulk” (“y se calentó / y se transformó en / El Mono Tremendo”) fue compuesta por Pechugo, un grupo de niños (cuyo nombre parodiaba a Menudo) creado ad hoc e integrado por sus hijos y los de su amigo Eduardo Martí (Dante Spinetta y Emanuel Horvilleur eran parte, de modo que este track anticipa por unos años a Illya Kuriaky & The Valderramas). Claro que ésta es una violencia de juguete, de ficción, y que el track es un chiste, pero es un chiste complejo, ya que pone a un grupo de chicos a cantar sobre la representación de la violencia en los medios que consumen los chicos.

La otra referencia a la violencia, una más intensa y visceral que la de las series de tv, está en “La Bengala Perdida”, una canción “dedicada a las barras bravas” y que refiere a trágico episodio de 1983 en el que un hincha de Racing falleció cuando una bengala disparada en la cancha se incrustó en su garganta (“la bengala perdida se posó allí donde se dice gol”). Esta canción, aun con el estilo alusivo y cargado de metáforas característico de su autor, es una intervención concreta y explícita de Spinetta, cuyo contacto con la realidad cotidiana fue siempre sospechado, sobre un suceso que fue tapa de los diarios.

A su manera, este es un disco conceptual cuyo tema es el modo en que la diversas formas de violencia (entendida sobre todo como el control social sobre el cuerpo) atraviesan nuestra vida. En canciones midtempo (salvo por “El mono…”), cuyo lirismo contrasta con el tópico general, Spinetta aborda algunos de los problemas del biopoder (parte de un debate filosófico central de la actualidad), con una densidad cultural como no hay otra en el rock nacional.

Los niños que escriben en el cielo.

Este segundo disco de Spinetta Jade es una versión light del anterior, Alma de diamante, pero no sólo en el sentido (positivo) de que es más ligero, sino también de que es más luminoso. Claro que para algunos fans y críticos de Spinetta lo light está lejos de ser un elogio. Asi como los devotos de los discos de los setenta reniegan de Jade porque consideran que es música difícil porque sí, para músicos cabezones y ajenos al rock, los fanáticos del sonido que empieza en A 18 minutos del sol, deudor de la fusión de grupos como Mahavishnu Orchestra, se sienten cada vez menos a gusto con los discos de Spinetta de los 80, cada vez más pop, más electrónicos y, por ello, menos dependientes del virtuosismo de los ejecutantes. Aunque el calendario señala que el primer disco de Spinetta en los 80 es Alma de Diamante, estilísticamente este es el disco que inaugura la década y los sonidos que estarían por venir.

Desde la tapa, que parece inundada de luz, Los niños… se presenta como un álbum de momentos diáfanos, inmediatez y espacios abiertos. En este sentido, es el reverso del abigarrado y oscuro Alma… pero, a la vez, Spinetta opera con el mismo template. Aunque reemplazó al bajista Beto Satragni por Frank Ojstersek y al tecladista Juan del Barrio por Leo Sujatovich, la instrumentación de ambos discos de idéntica: bajo, guitarra, batería y dos teclados. También en ambos discos las canciones midtempo alternan con los instrumentales, en ambos aparecen los versos que remiten a Carlos Castaneda y hasta hay, en ambos, un tributo a John Mc Laughin (“Digital Ayatollah” en Alma… y “Siguiendo los pasos del maestro” en Los niños…). Sin embargo, la influencia, todavía presente, de la música de fusión se va diluyendo en este álbum para desaparecer casi por completo en Bajo Belgrano o su contemporáneo solista Mondo Di Cromo, en el que Spinetta empezaba a asimilar el sonido de la new wave.

Este es un disco ecléctico que va del pop al smooth jazz sin pedir perdón. Si se lo escucha en vinilo, el lado A tiene “Moviola”, “La herida de Paris”, “El hombre dirigente” y “Sexo”, una línea de cuatro inquebrantable que no tiene un eslabón más delgado. El lado B, a su vez, se reserva los dos momentos más líricos, más spinetteanos y por ellos los favoritos de este disco: “Umbral” y “Nunca me oiste en tiempo”. Es dificil no ceder a la seducción de estos tracks, inmediata, amable, pegadiza. En especial los primeros cuatro pertenecieron, para sus detractores, a una categoría peyorativa: música FM. Hoy que ese rubro absurdo quedó en el olvido se los puede escuchar como las canciones extraordinarias que siempre fueron. Los niños… es un disco de transición entre el periodo de jazz rock que se inicio con Banda Spinetta y el abiertamente pop y electrónico que comienza a partir de Mondo… En suma, es lo mejor de ambos mundos.

Kamikaze

Este disco es una recopilación de canciones que quedaron fuera de otros proyectos de Spinetta, compuestas entre 1965 y 1978, aunque en versiones grabadas en los primeros meses de 1982 especialmente para esta placa. Esta suerte de rejunte de temas que en su momento no llegaron ni a cara B resultó uno de los álbumes más sólidos y coherentes de la carrera de LAS.

Editado pocos días después de que se declarara la guerra de Malvinas, el disco quedó automáticamente resignificado por su contexto político. Según cuenta Spinetta en las notas del sobre interno y en reportajes de la época, varios de los track provienen de las lecturas aleatorias que estaba realizando en el momento de su composición. En el caso del que da título a disco, se originó en un estudio histórico sobre las vidas e historias de los pilotos japoneses de la segunda guerra. Sin embargo, en el momento de la aparición del album, el título “Kamikaze” y la canción parecen hablar de la aventura suicida de Galtieri en Malvinas. En “Aguila de Trueno”, referida a Tupac Amaru II, el aborigen que se rebeló contra el mandato español en Perú, quien habla es un guerrero que dice estar “estaqueado de pies y manos”. Aunque fue escrita mucho antes de la guerra, cuando se editó llegaban noticias de soldados argentinos en Malvinas estaqueados por sus propios superiores y se hacía dificil ignorar la coincidencia. No importa si Spinetta quiso o no hablar de Malvinas en este disco (se puede aventurar que no, que para él, el Kamikaze era una metáfora de los riesgos que corre un artista), lo cierto es que el sentido no emana sólo de lo que quiere hacer un autor, sino también de los lazos que tiene la obra hacia otras obras y hacia su época y del modo productivo en que es recibida. La escucha, la lectura son formas de creación ya que contribuyen a armar el rompecabezas infinito del sentido. Desde este punto de vista, estas canciones compuestas entre cinco y diez años antes de Malvinas, también hablan sobre la guerra.

El tema más extraordinario de Kamikaze debe ser “Barro, tal vez”, por algunos motivos anecdóticos, como que, increíblemente, fue compuesto por Spinetta a sus ¡15 años! y también porque ensaya una novedosa, para 1965 cuando fue escrito, fusión entre el rock y el folklore. Esta misma fusión entre lo acústico y lo eléctrico, entre lo orgánico y la máquina, entre lo autóctono y lo global atraviesa todo el disco. La instrumentación de los temas suele ser una guitarra Ovation o un piano, una caja de ritmo y sintetizadores. Esta combinación minimalista lo pone fuera de su época. Veinte años después, los muy contemporáneos discos de Juana Molina recién empezaron a ir por un camino similar. El track que más lejos lleva esta arquitectura orgánica y eléctrica a la vez, es Casas Marcadas, tan tenue, tan lleno de espacio que la canción siempre está a punto de desvanecerse en su rasgueo de guitarra acústica, hasta que un torbellino abstracto de sonidos electrónicos toma las riendas y lo lleva hasta el final. “Ella también” y “Quedándote o yéndote” (que recientemente fue versionada por su hija Vera, con la colaboración del pianista Fer Isella) son canciones que van a existir siempre. A diferencia de los contemporáneos Los niños que escriben en el cielo o Bajo Belgrano, este es un álbum que nunca suena como un disco de los ochenta y es hoy tan actual como lo fue hace tres décadas. Junto a Artaud, el otro disco de LAS grabado casi en soledad, es una de sus obras maestras.  

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